En las garras del halcón

Por Santiago Toffoli

La carrera para la elección de un nuevo Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que se desarrollará en el segundo semestre del 2020 será otra ficha importante a jugar en el tablero regional y global. Por primera vez en la historia de la institución, el Gobierno de Estados Unidos desconoce la regla no escrita de las presidencias latinoamericanas y propone a un funcionario propio, con un perfil marcadamente conservador. ¿Qué significa la postulación de Mauricio Claver – Carone para el futuro del BID?

Sin usos ni costumbres

En la política internacional hay una gran cantidad de reglas y normas no escritas que moldean los regímenes internacionales, las instituciones multilaterales y les brindan cierto grado de previsibilidad a los organismos que se han construido para la gobernanza del sistema internacional.

La presencia de este tipo de reglas también se puede apreciar en las instituciones bancarias y financieras multilaterales. Y a partir de allí se sabe que la dirección del Fondo Monetario Internacional siempre está a cargo de un europeo, la jefatura del Banco Mundial la ejerce un estadounidense, y la presidencia del BID, un latinoamericano. 

El Presidente del BID es elegido por la Asamblea de Gobernadores. Los países tienen poder de voto de acuerdo al capital social que aportan a la estructura de la institución. Si bien hay muchos países extrarregionales que aportan cuotas y tienen poder de voto, una de las condiciones para ser electo como presidente es que, además de lograr una mayoría absoluta de todas las cuotas, debe tener el apoyo de más de la mitad de los 28 países de nuestro continente que son parte del BID.

Hasta hace unos meses, se creía que la disputa por la conducción de la entidad hemisférica estaría entre la ex presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, y el actual Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de Argentina, Gustavo Béliz. 

Para las elecciones del BID de este año, la Administración de Donald Trump ha postulado a un candidato propio: Mauricio Claver – Carone, un norteamericano descendiente de cubanos que ha trabajado en el FMI, el Departamento del Tesoro de los EE.UU., y desempeña actualmente el cargo de Asesor Especial para Asuntos Hemisféricos de la Casa Blanca.

Trump propone a Claver – Carone sabiendo que puede disfrutar de la tranquilidad de una victoria casi segura, a pesar del rechazo a su postulación de un conjunto variopinto de dirigentes latinoamericanos, como los ex presidentes Zedillo, Cardoso, Santos, Sanguinetti y Lagos, o la totalidad de los cancilleres de la Argentina democrática, desde Taiana a Faurie pasando por Cavallo.

El triunfo del candidato norteamericano se da por sentado porque, además de que Estados Unidos tiene el 30% de las cuotas, varios países de América Latina acompañarán con su voto, a pesar de lo que sostienen sus comunidades diplomáticas o sus ex cancilleres o presidentes. Este es el caso de países fuertemente alineados con Estados Unidos, como Colombia y Brasil, y de otros más moderados pero que juegan a favor de la estrategia de Washington en este asunto, como el Ecuador de Moreno y el Uruguay de Lacalle Pou.

Claro está que la falta de esquemas de concertación política latinoamericanos, paralizados o dados de baja luego del giro conservador que vivió la región luego de 2015, tributa a la falta de respuestas y propuestas conjuntas.

Que significa conducir el BID

El Banco se ocupa, fundamentalmente, de financiar proyectos de cooperación que giran en torno a una multiplicidad de sectores para el desarrollo económico, social e institucional de los países de América Latina y el Caribe. El tipo de préstamo principal del BID es el de garantía soberana, el cual implica financiamientos a los gobiernos y a las instituciones controladas por ellos.

Pero más allá de la naturaleza conceptual que tiene una institución como esta, se ha convertido en un campo de disputa política a nivel multilateral. Uno de los países extrarregionales que forman parte del BID, es la República Popular China. Si bien el gigante asiático aporta una cuota bastante escueta, es parte del club de naciones que integran la institución y bien es sabida la capacidad de China de influir sobre voluntades, independientemente del lugar que efectivamente ocupe en las instituciones.

Aunque hemos visto una relativa retirada de los esquemas multilaterales por parte de los Estados Unidos de Trump, los puestos de conducción de estos esquemas a nivel hemisférico son recelosamente cuidados por la Casa Blanca. La Organización de Estados Americanos (OEA) es ejemplo de ello: una institución multilateral conducida por segundo mandato consecutivo con un fiel amigo de Washington, el uruguayo Luis Almagro.

“El Banco se ocupa, fundamentalmente, de financiar proyectos de cooperación que giran en torno a una multiplicidad de sectores para el desarrollo económico, social e institucional de los países de América Latina y el Caribe”

La OEA se ha convertido en la caja de resonancia de la política exterior norteamericana para América Latina. Así lo demuestra la hiperactividad inusitada en todos los asuntos que tengan que ver con Venezuela y Nicaragua, la participación crucial para el éxito del golpe de Estado en Bolivia, y el silencio ante políticas gravísimas en contra del Estado de derecho en Centroamérica, las masacres de Sacaba y Senkata perpetradas por el gobierno de facto de Jeanine Añez, la proscripción de varios partidos políticos opositores en Ecuador, la violación a los Derechos Humanos en Chile, el exterminio de líderes sociales en Colombia y el sistemático debilitamiento del orden democrático que se vive semana tras semana en el Brasil de Bolsonaro.

Más allá de la disputa geopolítica con China y el afán por ocupar lugares trascendentales en esquemas hemisféricos frente a una pérdida de incidencia en los organismos multilaterales globales, el intento de controlar el BID supone un esfuerzo para fortalecer el posicionamiento de Estados Unidos como líder regional. Es decir, busca asegurar los espacios de conducción institucionales frente al creciente peso que tiene China como actor geopolítico y económico en la región

Sin embargo, esto tiene sus corolarios. Mauricio Claver – Carone no es el típico burócrata de las finanzas que se caracterizan por su perfil moderado y no muy público en cuanto a posicionamientos políticos e ideológicos. Es un típico halcón de la derecha republicana cubano – estadounidense, partidario del ala dura contra Cuba y Venezuela que apoyó sin medias tintas a determinados sectores políticos conservadores en cada uno de los países de América Latina. Prueba de ello es su irrestricto aval al préstamo del FMI al Gobierno de Mauricio Macri, con vistas a lograr la reelección en Argentina. 

A modo de cierre

La postulación de un halcón norteamericano a presidir el Banco Interamericano de Desarrollo puede ser visto desde la perspectiva global y regional.

Desde la global, asegurar las trincheras institucionales frente a la fuerte presencia china en América Latina parece ser la intención de Estados Unidos, que no va a resignar poder y capacidad de incidencia en su esfera de influencia histórica, que es el continente americano. El Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, presidido por el ex Viceministro de Finanzas de China, Jin Liqun, ha anunciado hace algunas semanas que otorgará financiamiento para proyectos en países de renta media en América Latina y el Caribe. Resulta indispensable, desde la óptica de la Casa Blanca, asegurar que las huellas políticas de los proyectos del BID no se aparten mucho de los postulados geopolíticos provenientes desde Washington. 

Desde la perspectiva regional, esta apuesta es posible solo por el grado de fragmentación política que hay en la región, empantanada en la cuestión venezolana y dejando la concertación de lado cuando cualquier otro problema acosa a la región, como las rupturas del orden constitucional, la proscripción de algunos sectores o la propia pandemia del coronavirus. Sin mucho esfuerzo (ni financiero, ni político), Estados Unidos logró que varios países se alineen automáticamente a su estrategia hemisférica.

El perfil de Claver – Carone es otro problema ante esta situación. Su perfil marcadamente conservador atenta contra la propia naturaleza del BID, una institución de financiamiento para el desarrollo que ata sus líneas de crédito a estándares de medio ambiente y de transparencia. Una utilización maniquea de este instrumento puede aumentar el predominio de la lógica securitista y sobreideologizada en una región que ya tiene y tendrá una infinidad de problemas sociales, económicos y sanitarios que resolver. 

Santiago Toffoli es estudiante de la Licenciatura Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Auxiliar de la cátedra de Integración y Cooperación Latinoamericana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR). Columnista internacional en Radio Gran Rosario, AM1330  (Rosario), Radio Comunitaria Poriajhú (Capitán Bermúdez, Santa Fe.) Escritor en Síntesis Mundial. Rosario, Argentina. Correo electrónico: santi.toffoli@gmail.com.

Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de los autores y no reflejan necesariamente las de Síntesis Mundial.

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