La Cooperación Internacional en tiempos del COVID-19: Un mapeo inicial

Por Carla Morasso

La cartografía de la pandemia moldea cada día nuestra percepción sobre la realidad que nos rodea. Los miles de mapas que con colores estridentes nos alertan sobre los territorios con mayor concentración de contagiados y muertos y los cientos de planisferios que nos grafican el cierre de fronteras y la caída de la actividad económica a nivel internacional son representaciones cartográficas que nos informan y forman sobre el mundo en el que vivimos.

Pero atención, porque si algo nos ha enseñado la geopolítica crítica es que el trazado de estos mapas no son casuales ni objetivos, que la forma que adoptan las representaciones cartográficas, así como los calificativos topográficos que utilizan, están impregnados de intereses, tensiones y decisiones políticas que inciden en nuestra forma de comprender el sistema internacional. La denominación de “virus chino”, como varios han insistido en etiquetar al COVID-19, no es una etiqueta azarosa, por el contrario, tiene una clara intencionalidad de ubicar el origen de pandemia en un punto geográfico determinado a los efectos de deslegitimarlo y desprestigiarlo.

Entonces cabe preguntarse a qué y a quienes son funcionales los mapas de la catástrofe global del COVID-19. La respuesta no es simple, pero una primera aproximación a la misma podemos encontrarla en los intereses de aquellos que ante la pandemia responden con creciente unilateralismo,  nacionalismo, aislacionismo y hasta xenofobia.

Ahora bien ¿esto significa que debemos ignorar o minimizar la información que nos brindan los mapas de la pandemia? No, rotundamente no. Significa que no debemos quedarnos sólo con el mapa del miedo y  la tragedia, sino que debemos incorporar otras cartografías, otros mapas que nos ayuden a ampliar nuestra mirada y comprender más integralmente la dinámicas internacionales.

En este sentido, es importante también apelar a los mapas de la Cooperación Internacional, los cuales se están desarrollando subrepticiamente en el contexto de la pandemia. Un primer mapeo a tener en cuenta es entonces el de los actores ¿quiénes están cooperando en medio de esta amenaza global?

El primer actor que representa a las estructuras de la cooperación internacional surgidas tras la II Guerra Mundial es Naciones Unidas, y en particular su organismo especializado: la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien fueron numerosas las opiniones que señalan que intervino tarde tras el brote en Wuhan, es innegable que ocupó un rol central en la formulación y diseminación de información, de recomendaciones y de buenas prácticas y que ha, al menos, intentado promover la coordinación de acciones. Su reconocimiento como voz autorizada en base a su alto nivel técnico y conocimientos especializados ha posicionado a este organismo como un actor central al cual la comunidad internacional ha recurrido para obtener recomendaciones y directrices sanitarias. Asimismo, ha impulsado acciones específicas, como ser el “COVID-19 Solidarity Response Fund”, presentado el mes pasado.

“..no debemos quedarnos sólo con el mapa del miedo y  la tragedia, sino que debemos incorporar otras cartografías, otros mapas que nos ayuden a ampliar nuestra mirada y comprender más integralmente la dinámicas internacionales”

A nivel regional, un rol más solapado ha tenido la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que es la agencia especializada en salud del Sistema Interamericano que sirve además como la oficina regional de la OMS. Tal vez, la propia inactividad de la Organización de Estados Americanos (OEA) en función de la postura reticente de su hegemón (Estados Unidos) a la cooperación y la coordinación internacional sea una de las causas de esta respuesta en cámara lenta. La misma línea ha seguido el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR), conformado tras el desmantelamiento de la UNASUR, el cual también está atravesando la fase de reuniones para proponer estrategias conjuntas. El MERCOSUR, en tanto, tampoco ha tenido una reacción destacable, aunque en días pasados a instancias de Argentina se presentó la iniciativa por la cual a través del Fondo de Convergencia Estructural (FOCEM) se financiará el mejoramiento de las capacidades nacionales para luchar contra la pandemia. Así, y considerando que las organizaciones internacionales son en gran parte lo que los estados hacen de ellas, vemos que actualmente lejos han quedado las políticas de coordinación en materia de salud que la UNASUR y el MERCOSUR llevaron adelante con éxito.

En cuanto al accionar de los estados, a simple vista resalta lo actuado por la República Popular China, la cual está posicionándose fuertemente como un cooperante global en medio de la pandemia. Allí donde la solidaridad europea estuvo ausente, por ejemplo en Serbia e Italia, la ayuda humanitaria china llegó en forma de barbijos y respiradores. En África donde las ex potencias coloniales han mantenido desde mediados del siglo XX una fuerte presencia a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo, también ha sido China la primera en llegar con equipos médicos y personal especializado. Otro actor consolidado de la Cooperación Sur-Sur que también está brindado cooperación internacional en medio de la crisis del coronavirus es Cuba, siendo el caso más sobresaliente en los medios de comunicación el envío de brigadas médicas a Italia.

De este modo, la clásica orientación Norte-Sur de la cooperación internacional se ha invertido en el contexto de la pandemia. No sólo se han fortalecido los vínculos solidarios de Cooperación Sur-Sur preexistentes, sino que se ha abierto una ventana de oportunidad para que los llamados “actores emergentes” del sistema de cooperación al desarrollo se muestren capaces de “ayudar” a los tradicionales oferentes de cooperación que en el imaginario eurocéntrico simbolizan el “desarrollo”, lo cual despertó más de un prejuicio entre las sociedades “occidentales y capitalistas”.

Pero esta fuerte presencia de actores no tradicionales no implica que las agencias de cooperación del Norte estén paralizadas. A modo de ejemplo, la agencia de cooperación estadounidense, la USAID, ha creado un fondo especial para luchar contra el COVID-19 en sus países socios. En otros organismos, en tanto, se están discutiendo recortes de fondos en áreas como las medioambientales para ser reorientadas al fortalecimiento de los sistemas de salud.

Más allá de los gobiernos también hay otros actores internacionales que también están contribuyendo al mapa de la cooperación internacional. Tal es el caso de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI, por sus siglas en inglés), la cual, impulsada por la Fundación Bill y Melinda Gates, trabaja junto a gobiernos y empresas farmacéuticas para disminuir la brecha en materia de vacunación entre los países desarrollados y en desarrollo. Otros ejemplos los dan la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), una iniciativa que gestiona fondos públicos y privados para financiar el desarrollo de vacunas y la Swiss Philantropy Foundation, que recauda fondos junto a la OMS para combatir la pandemia. Asimismo hay personalidades filantrópicas que han desembolsado importantes montos, tales como el magnate chino Jack Ma, fundador de la reconocida compañía Alibabá, que donó más de 5 millones de máscaras y 1 millón de kits de análisis a países africanos.

Este sintético, provisorio y no exhaustivo punteo de actores que están promoviendo la cooperación internacional en tiempos de la pandemia tiene como propósito contribuir a ampliar las perspectivas para comprender el devenir del fenómeno COVID-19 y sus posibles impactos. La cartografía de la pandemia es compleja y muestra diferentes actores actuando sobre los territorios mundiales, tanto físicos como mentales. Es por ello que junto a los mapas de alerta y las medidas dramáticas pero necesarias de prevención, contención y respuesta a la pandemia por parte de los gobiernos nacionales, también debemos considerar el mapa de la cooperación internacional para tener una visión más completa de las dinámicas globales que están redefiniendo nuestro mundo de incertidumbres.

Carla Morasso es Doctora en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Docente-investigadora de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR). Coordinadora del Programa de Estudios América Latina – África (PEALA-PRECSUR) e investigadora del Grupo de Estudios sobre Malvinas. Contacto: carla.morasso@fcpolit.unr.edu.ar

Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de los autores y no reflejan necesariamente las de Síntesis Mundial.

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3 comentarios en “La Cooperación Internacional en tiempos del COVID-19: Un mapeo inicial

  1. Texto sugerente y didáctico para poder comprender la reconfiguración cartográfica y geopolítica del sistema-mundo tras la pandemia del COVID19.
    Orgullosa de las producciones de la universidad pública argentina.

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